El beso del cuervo

La muerte susurra en el frío descalzo. Ya no hay grito, ni sueño, ni llanto. La niña busca refugio bajo la piel y amparo en los párpados sellados. Huye de la tormenta, traza sombras entre espasmos.

Ya no queda hogar. Del calor de antaño sólo hay ceniza. La niña recrimina a sus huesos sin vida: ¿por qué os habéis marchado, por qué me habéis dejado rota?

Y entonces cede ante la lluvia. Cae rendida, sabe que la acoge el mármol. Un cuervo emerge y se acerca con sigilo. Quizás con un beso me convierta en uno de los vuestros, le dice la niña. El cuervo asiente. La muerte susurra en el frío descalzo.

 

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Escrito por

Periodista radiofónica entregada a las letras. Escribo, luego existo.

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